Alfredo García Burr

CX02“He vivido cuidando, reparando y enriqueciendo la Torre de los Diez. Lo

único que he debido lamentar es no disponer de los medios holgados

necesarios para terminarla. (…) Fernando [Tupper] la quería mucho. Una

vez me contó que cierta noche, en que un furioso vendaval hacía estragos en

la ciudad, se encaramó al último piso de su Torre y, afirmado en el alféizar

de una ventana que miraba hacia el norte, sintió –mientras daba el pecho y

la cara al huracán- la sensación de estar dirigiendo un barco en medio del

más deshecho temporal: “Con eso, don Alfredo, me sentí pagado de todo lo

que había gastado y padecido con la casa, me dijo””. (Revista del Sábado,15

de junio de 1974).

 

Con estas palabras Alfredo Garcia Burr se refería a la torre de su casa como metonimia de la misma.

En 1929, obtiene de manos de Fernando Tupper Tocornal, esta casa de características Neocoloniales, a la cual tuvo que poner en remate luego del excesivo costo que le significó mantener este inmueble y por sobretodo, costear las actividades del movimiento de “Los Diez.

Arquitecto y coleccionista empedernido, Garcia Burr se traslada junto a su esposa y sus 8 hijos a habitar la planta Baja, la que en palabras de Garcia Burr era “La más habitable”. Al igual que su antecesor, Alfredo tampoco contaba con los medios para costear la construcción de la casa y, al mismo tiempo, una familia tan numerosa, pero tenía en su corazón el impulso de mantener este lugar en pie a toda costa, compromiso hecho de palabra con su predecesor y que honoraría hasta su muerte . Es por este motivo que Don Alfredo habilita varios locales comerciales en las habitaciones exteriores de la casa, entre los cuales funcionaba una ferretería, una peluquería, una pastelería y hasta una fábrica de cervezas.

Pero la casa no solo sirvió de espacio para distintos emprendimientos, la obsesión de Don Alfredo por coleccionar objetos de diversas latitudes del globo lo llevó a habilitar en el Segundo piso una suerte de bodega donde guardaba todos los objetos que juntaba; Un vicio que en muchas oportunidades no podia resistir y que tampoco podia costear… el cual lo obligó a privaciones que  sus ocho hijos tuvieron que soportar, y del cual fue constantemente criticado.

En una entrevista, Don Alfredo se refiere en los siguientes términos a su vicio:

“No puedo –confesó- es superior a mí. No

me preocupa la plata ni el precio que las cosas tengan. Simplemente meCasa_de_Los_Diez_08

gusta tenerlas. Por agrado no más. Cuando yo me muera que hagan lo que

se les ocurra. Cuando yo no pueda sentirlo”.

 

A pesar de esto, Don Alfredo no tenía en cuenta que la obra más importante de su colección se mantendría en pie hasta nuestros días, La Casa de Los Diez.